martes, julio 24, 2012

LA CUEVA DE PARVATI

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Después de algún tiempo en clausura voluntaria, colgué los hábitos y salí al exterior.

Cuando una persona decide caminar sola y no es peregrina en el camino de  Santiago, es tarea ardua encontrar la adecuada compañía.

Sin saber muy bien por qué, tal vez guiada por un movimiento del Universo me dirigí hacia la cueva, la puerta estaba abierta y pase.

Allí encontré muchos tesoros, elegidos con mucho mimo y elegancia, todo colocado deliberadamente en las estanterías para los ojos de los visitantes, iluminado con lamparas a cual mas bella, un espacio recogido, acogedor, cálido, que invitaba a la tertulia, no era un lugar de paso fugaz, daban ganas de quedarse, cuadros colgaban de las paredes, mosquiteras de suaves colores, artesanía, bolsos, ropa, jabones de mil colores y aromas, bombas de baño, colchas de algodón, joyas en una vitrina, un montón de anillos y una banqueta alta de madera oscura puesta estratégicamente justo delante del mostrador de atención al cliente, detrás de el se escondía el más valioso y preciado de los tesoros que allí había. 

Una mujer de porte distinguido con amplia sonrisa y gafas de pasta oscura como su pelo, media melena rizada con nariz diminuta mirada infantil,amable, cuidadora y atenta. 

Mas tarde me confesó que aquel día la recordé a su tía Carmina, desde entonces nos hicimos familia, nos adoptamos mutuamente y hace ya algún tiempo que somos hermanas que no primas.

Este puñado de fotos no decían mucho al verlas sueltas, pero se que para nosotras todas ellas juntas tienen un significado especial. En esta cueva pasamos muchos ratos buenos y muchas risas.

Un regalo para Pili.
Te debo una novela que tu me tienes que contar.

Un abrazo muy grande,

Te quiero.






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