sábado, febrero 02, 2013

EL SUEÑO DE LOS DOS GRANDES DEDOS





Sentada en una piedra mirando al firmamento, vio sorprendentemente como de entre las nubes, salían dos enormes dedos haciendo la tijera. Clic, clic , pudo escuchar perfectamente como si alguien sentado a su lado se lo susurrara al oído.

Con los pelos erizados y atónita ante aquella visión onírica, comprobó como aquellos dedos procedían con su simulada acción y cortaban con un seco clic, clic resonando en sus oídos, unos hilos que también salían del cielo siendo testigo en unos minutos de cómo caían todos amontonados a su alrededor, en una maraña, en un embrollo, haciendo un amasijo, una gran desmadejada montonera enredada rodeaba la piedra donde reposaba mirando al firmamento. 

Concienciarse de que aquella visión era un inconveniente con un grado alto de dificultad la llevo poco tiempo cuando al intentar ponerse de pie en la piedra para tener otra perspectiva diferente, quizás desde otro ángulo, o tal vez simplemente convencerse de que no lo estaba viviendo, comprobó que sus extremidades no reaccionaban con la velocidad que ella quería, el peso que arrastraba era enorme, las madejas de hilos hacían de lastre en su cuerpo. 

Con un esfuerzo desmesurado movió las falanges seguidamente los carpos y aunque lentificados, respiró al comprobar que eran efectivos los signos de vida en sus huesos por lo que arrastrando lastre consiguió hurgar en el bolsillo de su chaleco del que extrajo una segueta con la que procedió al corte escrupuloso de cada uno de los hilos que pendían de su cuerpo. 

Cuando quedaba poco para concluir con la operación de corte, una gran ligereza acompañada de una sensación de flote apoderó su ser y sin tiempo de reacción se elevó al completo por encima de los tejados y árboles en dirección al cielo. Iba descalza, las chanclas de dedo se precipitaron al vacío en su involuntaria ascensión quedando colgadas en una acacia centenaria plantada por algún antepasado de otro tiempo. 

Turbada y boquiabierta ascendió traspasando estratocúmulos y nimboestratos; en el momento en el que comenzó a dominar el vuelo y a sentirse como un pez en el agua, se encontró a si misma palpando en la mesilla de noche en busca del fastidioso despertador que la avisaba de que el tiempo de soñar se había agotado. 


FIN

1 comentario:

  1. y los sueños sueños son...hay que soñarlos. Bien por ese aire de irrealidad cotidiana.

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