martes, diciembre 31, 2013

El asesino del año.

Era el último día, así es que recopiló todo lo malo que había sufrido en el año, lo metió en un saco y con un palo la emprendió a golpes, doce dio, siguiendo el ritmo de las campanadas del año nuevo, uno tras de otro, hasta que sintió que nada dentro de aquel saco se movía.

Arrastrando el saco por el pasillo, salió al descansillo, miró para asegurarse de no coincidir con nadie, todos celebraban en ese momento.
Bajó hasta el portal, una vez allí hizo lo mismo, miro al rededor y salió lo más veloz que pudo hasta el coche, abrió el maletero y con mucho esfuerzo metió el saco dentro, circuló sin rumbo fijo hasta que sin darse a penas cuenta,  apareció ante él un páramo vacío y solitario.

Paró el motor, volvió a asegurarse de que por allí no había nadie, bajó del coche, sacó el pico y la pala del maletero y cavó un agujero negro y profundo como su corazón, allí depositó el saco y lo enterró.

Una vez alisada la superficie respiró profundo sabiendo que, exactamente dentro de 365 días, tendría que cometer otro asesinato si no cambiaba su suerte.


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