Etiquetas

Mostrando entradas con la etiqueta vivencias en estado de shock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vivencias en estado de shock. Mostrar todas las entradas

sábado, febrero 22, 2014

La puerta verde



Estuve observando desde afuera la pequeña puerta de entrada a la tienda. Era de madera, pintada de verde y lucía decapada por los años trascurridos de entradas y salidas; sin duda le vendría muy bien una o dos manos de lija y una nueva capa de pintura, del mismo color, no lo cambiaría, ese verde agua resaltaba en la fachada de ladrillo visto,  invitando a traspasarla aunque solo fuera para ver que se cocía adentro.

Después de haber llegado hasta allí y después de haber disimulado por la acera, que si simulando una llamada con el teléfono, que si miré a ver qué hora era, así a lo tonto,  para que “se creyeran” que estaba esperando a alguien, luego me toqué la oreja, cogí el lóbulo con la punta de los dedos índice y pulgar y tiré hacia abajo, sin ningún fin en concreto, pero ese gesto, no me digáis cómo,  me llevó a cruzar la calle en dirección a la puerta y empujarla para entrar, estaba entornada.

Al abrir escuché un tintineo sobre mi cabeza, procedente de un colgador,  de esos con pequeños objetos colgantes,  que emiten un agradable sonido avisador , de que alguien ha traspasado el umbral, avancé en mi curiosidad y una vez dentro, me fascinó lo que vieron mis ojos.

De las paredes, colgaba el tiempo, el tiempo en oferta. Dos horas de risa por una hora con diez de sueño, rezaba un cartel, había horas de compañía anunciadas con letras fosforescentes,  horas de la verdad pintadas en rojo,  horas de soledad y retales de tiempo perdido que se regalaban, al parecer, con cada hora de esfuerzo demostrado.

Aquella vieja bruja tenía razón cuando me dijo:  ­­_lo que allí encontrarás,  es la clave de la vida y es algo que no puede solucionar el dinero, pues sin ello no hay nada.




domingo, julio 08, 2012

ENERO DEL AÑO DOSMILNIEVE





Aquella mañana me desperté cuando sonó el teléfono, era mi amiga Pili para decirme, que mirara por la ventana. Un silencio extraño mayor que el habitual a esas horas de la mañana me hizo sospechar que algo inusual estaba ocurriendo. Entre risas y sin dejar de parlotear como siempre me acerqué a la ventana y cual fue mi sorpresa al descubrir ese manto blanco, frío y silencioso que cubría el pueblo por entero.

Hacía mucho tiempo que no caía así, era enero del año 2009. 

Yo no tenía indumentaria apropiada pero pronto mi amiga me proporcionó unas botas muy grandes para poder salir a pasear por las calles.

Nos encontramos con muchos habitantes, caminando de allá para acá como mutantes, pues una capa de hielo se escondía traidora debajo del blando manto, obligando a las personas a caminar en parejas o grupos, agarrados unos a otros para no caer.
Fue una fiesta fascinante, las gentes se lanzaban bolas sin conocerse de nada, se rebozaban por el suelo, incluso se llegó a mantear a alguien contra su voluntad, y mas de uno se rompió un hueso.

Pasamos el día celebrándolo todos juntos, de un bar a otro, visitamos todos y cada uno de los bares del pueblo sin dejarnos ninguno. Aquel blanco rodeándolo todo te hacía perder el sentido de la orientación y nos perdíamos una y otra vez yendo a parar al mismo sitio.

Acabamos el día de madrugada, sin barra de pan, que fue mi objetivo inicial al salir, compartiendo una manzana con dos ancianos amigos, mientras me dormía de puro agotamiento recostada en la mesa de mi cocina.

Tras tres días incomunicados en aquel lugar, la ansiedad nos hizo presos a mas de uno, y lo que en principio fue lindo y novedoso, se convirtió en un horror de montañas embarradas, apartadas por los rincones y un suelo helado, imposible de transitar.

Guardo el recuerdo como un gran tesoro, fue uno de esos momentos maravillosos que nos regalaba aquel lugar, aquellas personas que allí estábamos generando vivencias que no se pueden olvidar.

Gracias a todos los que estáis, los que permanecéis y los que ya os habéis ido, siempre recordaremos aquellos días fríos, pero al mismo tiempo cálidos, que pasamos juntos.