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jueves, diciembre 05, 2019

Cosas sencillas

A las 8 a.m la policía es alertada por un vecino de la zona que llama para avisar de un altercado que se está produciendo en las inmediaciones del Parque de las Cruces, sito entre los distritos de Latina y Carabanchel.

El denunciante advierte que son varias las personas implicadas y que además hay muchos perros.

Cuando el cuerpo de policía se persona en el lugar de los hechos, comprueba la existencia de un hombre de mediana edad, raza blanca y habla hispana que se encuentra tendido en el suelo, atado a unas estacas como Gulliver en el pais de los enanos, con sus ropas y zapatos, impregnados en orina y excrementos de perros.

El desafortunado hombre se encuentra desaforadamente convulso, clamando clemencia.

En los alrededores no se ve a nadie, nada más que un perro lobo que olisquea por doquier.

Está lloviznando.

El caso es que aquella mañana mientras su perro lobo cagaba en la pradera, él miraba para otro lado, como siempre, sin intención de recoger los excrementos.Tenía la zona totalmente minada, aquello era imposible de transitar sin pisar una mierda y después al intentar esquivar, pisar otra, todas suyas.

De repente, de entre los arbustos cercanos salió un numeroso grupo de personas encapuchadas, que le cogió por brazos y piernas y le rebozó como una croqueta en los excrementos de su propio perro lobo. Luego le ataron al suelo con estacas y le dejaron allí expuesto. Se fueron a por sus perros y volvieron con la intención de experimentar qué ocurría dejándoles sueltos olfateando al sucio señor. Y así fue como en pocos minutos estaba orinado por todos y cada uno de los perritos de la vecindad, que siguiendo su instinto animal, dejaron su marca encima del maniatado e inmovilizado vecino, el cual gritaba como un poseso, rogando clemencia y solicitando que le liberaran, prometiendo haber aprendido la lección.

Una vecina que iba a por el pan, fué la que alertó a la policía que no pudo hacer más que desatarle con mucho cuidado de no pringarse y liberarle para que se pudiera ir a casa a tomar conciencia y una ducha si lo creía oportuno.




martes, julio 30, 2019

Reconocer luz azul

En la sala se escucha un canto de pájaros que se entremezcla con una melodía relajada de piano.

Es Domingo.

Los más beatos, transportados en sus sillas de ruedas, se han ido de la sala detrás de un cura, que ataviado con su hábito para la ocasión y con los archiperres que necesitaba debajo del brazo, da voces alternadas con susurros, dependiendo de a quien se dirija.

Por ejemplo, a Petra, sorda como una tapia, las voces se las da a gran volumen, aunque de poco sirve, en cambio susurra a Cosme, que su oído es tan fino, que puede escuchar caer un alfiler en la casa del vecino, como si llevara instalado en su oído un aparato de esos que anunciaban en la tele hace años... 

"¿Quiere usted escuchar caer un alfiler, en la casa de su vecino?, pues compre nuestro wisper XL y lo escuchará con tanta claridad que pensará que es un superhéroe con poderes extranaturales!"

Contaba, que cuando era niño, se tenía que esconder con su familia en el hueco de una pared, a la que se accedía desde el armario secreto, que había en la casa de una vecina del pueblo donde vivía. Su padre era maestro y estaba perseguido, solo por enseñar a los demás lo que él sabía, querían matarle a él y a toda su familia, así es que cuando escuchaban a la vecina Adoración, que así se llamaba, cantar la canción, La Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio y se le han puesto las sienes, moraitas de martirio..., todos en silencio desfilaban al escondite, aprendiendo a no respirar y a escuchar atentamente cada movimiento que se producía en el exterior. Desarrolló un sentido del oído afinado, que con la edad, sorprendentemente, no mermó en absoluto. 

Petra en cambio, pasó la guerra en Madrid, a ella la dejaron sorda las explosiones de los obuses, su tímpano no resistió tal tortura, por lo que quedó como una tapia. Podías dar un cacerolazo en su misma oreja, que ni se inmutaba. Pero tenía la gran habilidad de leer los labios y entendía así, todo lo que se le decía, aunque a veces disimulaba haciendo como que no había entendido. Todo dependía de quién, qué y cómo se lo dijeran.

Se conocieron en la residencia, eran inseparables, los dos sin compromiso, él viudo desde hacía muchos años y ella soltera y entera, quizás nunca imaginaron que el amor podía llamar a su puerta a tales alturas de sus vidas. Pero el amor es algo tan poderoso y sorprendente que puede aparecer de forma inesperada en cualquier momento, lo único que hay que hacer es no dejar de creer en él.

Cuando Cosme ingresó voluntariamente, acompañado de su hijo, Petra estaba regando los tomates en la huerta y cantaba muy bajito esa canción que a él tanto le gustaba : "Apoyá en el quicio de la mancebía, miraba encenderse la noche de Mayo. Pasaban los hombres ella sonreía...", eran canciones que permanecían en sus memorias, por eso Petra podía cantar bajito. La saludaron los dos y ella aunque no les había oído, contestó amablemente, pues suponía por su actitud corporal, que ellos lo habían hecho. Había aprendido a leer las imágenes y posturas corporales de las personas, y poco se equivocaba en sus respuestas, costaba creer que fuera sorda.
Se sentaron en uno de los bancos del enorme jardín, desde donde Cosme, podía visualizar a aquella mujer que con soltura, regaba la huerta, perfectamente ordenada y cuidada por todos los que aún podían realizar esos trabajos, guiados por un profesional y con los conocimientos que muchos de los residentes tenían al respecto de la horticultura. Todos participaban en mayor o menor medida de su cuidado y mantenimiento y por supuesto disfrutaban en cada época del año, de lo que la tierra con el cuidado dispensado, era capaz de regalar. Pronto degustarían unas lechugas frescas, enormes tomates y cebollas tiernas, exquisitas.

Detrás del huerto, protegido por un sombreado realizado con unas enormes bigas de madera y que una magestuosa parra virgen cargada de uvas cubría, había unas tumbonas enormes, de esas que se atan a ambos lados en un árbol, para mecerse a la sombra, tranquilos y echarse una siesta. Varias estaban ocupadas con personas relajadas, unos leían, otros charlaban, algunos dormitaban, una música de ambiente sonaba al rededor de la estancia, mimetiznandose a la prefección con el resto de murmullos, sin alterar nada. 

Había muchos pájaros que covivian con los residentes a las mil maravillas, sin molestarse mutuamente, pero si dándose compañía, guacamayos se posaban libremente en los soportes preparados para ellos, donde había agua y comida. También había allí, un acuario enorme con una variedad de peces espectaculares, que eran cuidados y alimentados por algunos de los residentes que allí vivian. La observación de aquel hábitat era relajante y poder participar en su cuidado, una actividad de lo más entretenida.

Algunas personas sentadas en cículo debajo de una enorme catalpa, hacian labores de costura, muchas mujeres bordaban, algunos hombres hacian ganchillo y punto, un grupo confeccionaba una manteleria a punto de cruz y otros hacian cuadraditos para entre todos realizar una colcha, era un nuevo proyecto puesto en marcha, que si salía bien, les daría trabajo para mucho tiempo, ya que lo que se pretendía era hacer una colcha para cada residente, confeccionada entre todos los que hubieran querido participar. Mientras lo hacían se charlaba, cada uno contaba o relataba alguna vivencia o algo que quisiera recordar, era muy satisfactorio.

En una sala interior se emitia en una gran pantalla, cada miércoles, por ser el día del espectador, una película clásica o contemporánea, sometiendose el título a votación entre los más cinéfilos, con el fin de poder comentarla después en un pequeño coloquio en el que todos participaban, ya sea dando su opinión a cerca de sus sentimientos relacionados con lo que habían visto o bien un tema planteado por los profesionales que les acompañaban en esta terapia grupal. También veían documentales de viajes por España y por el mundo, con sus lugares emblemáticos, gastronomía y costumbres de cada lugar. Muchos participaban contando anécdotas de sus pueblos y lugares de origen o donde habían pasado su infancia o adolescencia.

Había un programa de vacaciones en el que los que querían hacían excursiones de día completo o incluso de varios días, acompañados por el equipo de enfermería que atendía sus necesidades del momento.

Lo más espectacular que llamó la atención de Cosme, fue la piscina, era cubierta en invierno, pero en verano se abrian los paneles que la protegian de las inclemencias para que entrara el sol y el aire por los cuatro costados. El agua que contenía era traida del mar muerto, por lo que su densidad era tal que aunque no supieras nadar, no tenías que temer, pues flotabas sin esfuerzo, balanceándote como un embrion en el útero de su madre. Allí entrenaban los más afectados, ayudados de gruas especiales y de profesionales cualificados, entraban en aquellas aguas y ejercitaban sus músculos espásticos, se relajaban, reían, tenian contacto entre ellos y con otras personas que les ayudaban, se sentían seguros y confiados. Era espectacular ver los beneficios de aquellas aguas en todos, hasta en los más enfermos.

El comedor era un lugar acogedor, las mesas redondas para que todos se vieran las caras en el momento de compartir la alimentación y aprovechar para comentar vivencias, hablar sobre la comida o bien hacerlo en silencio si así era decidido. 
La cocina era exquisita, nutritiva y guardando las medidas oportunas de acuerdo con las necesidades de cada uno de ellos. Se tenían en cuenta las patologías y también los gustos, para que el acto de comer se convirtiera en un placer y no en un disgusto. En algunas ocasiones, aquellos que quisieran hacerlo, podían preparar un plato especial o típico, ayudados por el personal de cocina que colaboraban con ellos.

La biblioteca, era magnífica, contenía gran cantidad de títulos que se renovaban a menudo, hemeroteca y exposición de pintura y escultura, con los trabajos que algunos habían realizado en los talleres que se impartían para que todos pudieran expresar su creatividad, sentir los colores, aplicarlos y dar rienda a sus sentidos.

Un gimnasio adaptado para ejercitar los músculos, las piernas y fomentar las capacidades de cada uno, así como para mantener un tono adecuado a base de ejercicios programados de acuerdo a las necesidades personales.

Verdaderamente era lo más cercano a un pequeño paraiso para Cosme, le había costado tomar la decisión de abandonar su casa, después de toda una vida, pero cuando Berta, la esposa de su hijo, le habló de este lugar, no podía dar crédito y después de varias visitas en las que pudo visualizar la dinámica que allí se vivía, dio el paso y se dispuso a hacer las maletas con sus ropas y varios recuerdos, todo lo demás quedaba atrás, comenzaba una nueva etapa en su vida, tal vez la última.

Cosme tenía 86 años, un oído muy fino, algun achaque en sus piernas, pero por lo demás estaba como un chaval, lo que más le afectaba era la soledad y suponer una carga para su familia, a pesar de la buena relación que mantenía con su hijo Pablo y su nuera, siempre había sido independiente y no le gustaba perder la libertad  que eso le proporcionaba. Sabía que tarde o temprano necesitaría ayuda y quería estar rodeado de personas dispuestas a hacerlo, por lo que su decisión no tenía marcha atrás.

Petra, llegó allí unos años antes, animada por su única familia, que aunque no eran de sangre, cierto es que era la que ella reconocía como tal, desde que siendo una preadolescente de 11 o 12 años, quedó huérfana y su tía Chon, la mandó a servir a San Sebastián a casa de unos señores muy ricos e influyentes. 
En Madrid, como en tantas otras ciudades,  la guerra hizo estragos y la posguerra traía consigo la incertidumbre, el hambre, enfermedades y multitud de necesidades en todos los aspectos del ser humano, que había quedado desprovisto de su casa, su familia, sus vecinos..., todo estaba destruído, había que reconstruir y los niños ponerlos a buen recaudo para poder sobrevivir todos de la mejor manera.

Petra sirvió en la casa de los señores Uriarte toda la vida, durante tres generaciones, se encargó, sin hacer otra cosa en su vida, de la casa entera, cuidó a los señores, a los hijos de estos y también a su prole, llegó a conocer a los bisnietos, aunque ya a esos no pudo cuidarlos. No se casó nunca.
Fue Javier, el nieto mayor de los señores quien buscó para ella, el mejor de los lugares para descansar en su vejez. Últimamente, no estaban seguros dejándola en casa sola, sobre todo por su sordera, creían que lo mejor es que estuviera acompañada de personas de su edad con las que pudiera compartir su vida. Lo hablaron entre todos y acordaron que era lo mejor, ella estuvo de acuerdo y accedió con buen ánimo, también la soledad hacía estragos en su día a día, no quería que se preocuparan de ella, pues cada uno tenía su vida ocupada, con hijos que criar y educar, sintiendose una carga que les restaba libertad.

Ella tenía 83años, el oido perdido, pero una gran visión de la vida, las personas, los animales y las plantas, estaba muy agradecida a la vida y tenína un gran sentido del humor. Se manejaba bien, lo que mas le gustaba era cuidar a los demás, atender a todos y que se encontraran bien, era lo que había hecho durante toda su vida. Ayudaba en todo lo que podía con los más enfermos, dándoles compañía, pasenado con ellos, inlcuso a veces les ayudaba a comer, si ellos solos no podían, siempre que con supervisión del personal que atendía, que eran como su familia, otra vez, una nueva familia, no de sangre, pero elegida como tal, por como la hacían sentir. La querían, la cuidaban y se sentía arropada y protegida, hacían que se sintiera en casa desde el primer día.

Si algo distinguia el lugar donde vivian, era el afan por respetar a cada uno, su libertad de vivir, sus capacidades, sus gustos, sus decisiones, fomentaban las relaciones cordiales entre todos, respetando a cada uno de ellos de forma individual. Cierto es que como en toda organización, existían algunas normas y horarios, para poder gestionar todas las demandas y al personal que trabajaba en la comunidad, con el fin de garantizar una calidad en la asistencia que se prestaba, que era muy especial, ya que vivir como en casa pero acompañado de personas de tu misma generación, compartir vivencias, seguir haciendo lo que más te gusta y además estar atendido en todo momento por profesionales cualificados por si en algún momento necesitas ayuda por alguna convalecencia o cuando estás enfermo, era algo impagable y muy valioso que todos sabían reconocer, y al que le costaba quizás algo más por cualquier motivo personal, ya se encargaban entre todos de hacerle sentir bien en unos pocos días de adaptación y de comprobar que no había perdido su libertad.

Los más enfermos o afectados, verdaderamente estaban entre algodones, sus estancias eran las mismas que las de los demás, el que las podía compartir, por su estado o su elección, lo hacía. Todos aquellos que no tenían ya esa capacidad entre las suyas, estaban en la parte que llamaban luz azul.
Allí las habitaciones eran circulares, con grandes ventanales por donde entraba la luz del día, la que fuera según la estación. Eran estancias amplias, en las que poder desenvolverse con las sillas de ruedas y las sillas geriátricas que se utilizan para el aseo diario en las duchas, todas estaban provistas de una grúa para el caso de personas que tuvieran que ser movilizadas usando esa ayuda. El material de aseo, estaba totalmente ordenado en gabetas:  pañales, toallas, cremas hidratantes, geles especiales, colutorios, gasas, colirios, vaselinas..., no faltaba de nada. Una toma de oxígeno y aspirador, un pequeño botiquín con lo necesario llegado el caso de tomar una vía, sueros, nebulizadores, apósitos y por supuesto la medicación prescrita de cada uno de ellos. Una fuente de agua fresca y una nevera con zumos, gelatinas, yogures, compotas de frutas, espesantes..., para aquellos que lo necesitaban porque su estado de salud, lo requería.

Las paredes estaban pintadas en un tono que simulaba un cielo azul, con alguno de sus paños pintados con paisajes paradisiacos de selvas, campos de flores, montes, playas, rincones especiales que invitaban a la paz, al sosiego, no te cansabas de mirarlo, su vista era agradable y estaba estudiado que aliviaba el estres en personas que sufrían determinados procesos. Un hilo musical deleitaba a los que allí reposaban, música tranquila, relajante, en un susurro que se podía desconectar individualmente, en caso de que la persona así lo deseara. No conocían ninguno que tuviera esa decisión, todos disfrutaban llenando el silencio.



 Continuará....

PD: que lo disfrutes.
 

 
 









 




 

 







miércoles, julio 10, 2019

DISERTACIONES

Lo único insoportable para el ser racional es lo irracional, pero lo razonable se puede soportar. Para juzgar lo razonable y lo irracional cada uno de nosotros nos servimos no sólo del valor de las cosas externas, sino también del valor de nuestra dignidad personal. Eres tú quien te conoce a ti mismo, quien sabe cuánto vales para ti mismo y en cuánto te vendes; cada uno se vende por un precio.

Epictecto
Hierápolis 55 - Nicopolis 135

miércoles, diciembre 12, 2018

Un sueño petardo en la bañera.

Se deslizó hacia el baño arrastrando los pies, encendió un par de velas, luego un cigarro y fumó mientras llenaba la bañera, viendo el agua caer a chorro,  sentada en el borde, hipnotizada por el fluir del liquido, se imagino por unos instantes con cola de sirena, nadando cerca de un velero varado en el mar espiando a sus tripulantes, que tomando el sol en cubierta, no se percataban de su existencia. 

Se sintió libre y muy lejos de ella misma. 

Al regresar en si, apagó el cigarrillo y se sumergió en el agua muy despacio. 

A su alcance había un cajón en el que guardaba sales y ungüentos desde tiempos remotos, alargó el brazo, lo abrió cogiendo un frasco de cristal con unas perlas brillantes en su interior; por fuera, en la etiqueta, la imagen de una casual sirena saludaba sonriente con la mano, volcó un poco del contenido en el agua que se tornó de un suave color anaranjado, desprendiendo un agradable aroma a flores, respiró profundamente cerrando los ojos, abandonada al abandono y a la relajación.

Pasados unos instantes, su respiración profunda la transporto a tiempos pasados, se vio así misma claramente, con dos trenzas muy finas rematadas con un lazo azul marino en la punta; llevaba el uniforme del colegio, estaba en el patio de la casa donde había vivido, en el que una higuera ocupaba el centro, extendiendo sus inmensas ramas plagadas de frutos; todo apuntaba a que era verano y ella, aquella niña que llevaba muchos años sin recordar.

Se visualizo en el columpio, con las faldas subidas por el balanceo, carcajadas despreocupadas, los ojos cerrados fuertemente y entonces, escucho a su madre que la llamaba. 

Redondeada y llena de ternura, con la piel blanca como la leche, esa mujer, tenía un regazo que curaba todos los males, el dolor de tripa , el de muelas, las heridas en las piernas y en los brazos, los chichones y el dolor de corazón; su aroma a jabón y vainilla la acunaba tarareando una canción de la que no sabía la letra y pasados unos segundos el dolor desaparecía sin dejar rastro. Siempre mágica.

Su madre se esfumó y de pronto se encontró en casa de su abuelo, esa casa soleada en la que por todas las ventanas veía el mar inmenso, tumbada en una hamaca frente al mar, con la vista perdida en el horizonte,  que unía su azul con el del cielo, creando la sensación de flotar en el infinito; quiso volar y llegar a lo mas alto para luego bajar y tocar el fondo submarino convirtiéndose en un pez de escamas plateadas, que surcara los mares sin rumbo conocido. 
Allí paso los mejores momentos de su infancia, la boca salada y el olor a verano inundó sus sentidos.

El agua del baño comenzaba a enfriarse, haciéndola sentir incómoda. Con el dedo gordo de su pie tanteó hasta conseguir la cadena del tapón y lo quitó para que el agua se fuera por el desagüe sin cambiar de postura. De pronto, tuvo la sensación de hundirse en la bañera, su cuerpo se encogía de una forma inexplicable y una fuerza centrífuga la arrastraba sin remedio, estaba horrorizada, todo ocurría muy deprisa, la corriente la arrastraba hacia el desagüe, era como si estuviera bajando por los rápidos de un río embravecido, era inútil luchar, pues su tamaño había mermado hasta convertirse en el de un insecto y se dejó llevar rendida.

Con las manos en la cara para no ver su destino y envuelta en la corriente de agua anaranjada, salió por el desagüe camino de las tuberías, bajó deprisa con un ensordecedor ruido atronando sus oídos, dando tumbos y vueltas sobre si misma durante todo el trayecto, hasta que se hundió en otras aguas, luchando con todas sus fuerzas por salir a la superficie. 

Le faltaba el aire tenia que respirar.

Por fin lo logró, despavorida, con náuseas y mareada, intentó tranquilizarse para salvar su vida respirando hondo sin dejar de moverse para no hundirse de nuevo, el cansancio se estaba apoderando de su diminuto cuerpo y las fuerzas flojeaban. 
Al parecer notó que algo se acercaba por su espalda, se giró y vio que era una enorme botella de plástico que se dirigía hacia ella flotando despacio. 
Sacó sus últimas fuerzas para nadar a su encuentro y logró meterse en ella con mucha dificultad. Una vez dentro, se dispuso a sacar el agua que había dentro, ayudándose con sus pequeñas manos y así, poder descansar.

Cuando se creyó a salvo con la mente confundida y con el corazón a punto de estallar, desnuda y empapada, pero al menos ya no tenía que luchar por mantenerse a flote en aquella cloaca, no daba crédito a lo ocurrido, tumbada en aquella barca de auxilio improvisada, comenzó a llorar sin consuelo con los ojos cerrados fuertemente. No quería abrirlos, le dolían las sienes de apretar los párpados, la aterrorizaba verse en aquella situación. Las lágrimas corrían por su cara y entonces fue cuando un insistente timbre lejano llegó a sus oídos. Abrió los ojos despacio y descubrió que estaba en la bañera de su casa, desnuda, con la piel arrugada de estar en remojo, las velas consumidas chorreando cera por el suelo y aun quedaba agua anaranjada en la bañera. Alguien llamaba a su puerta, todo había sido un mal sueño.

Salió de la bañera con las piernas temblorosas y algo aturdida por el suceso, se envolvió en el albornoz y descalza chorreando agua, se dirigió hacia la puerta deprisa y extrañada. Era tarde, no sabía muy bien la hora pues había perdido la noción del tiempo en el baño, pero lo que si sabía es que no esperaba a nadie.

Abrió la puerta sin mirar por la mirilla como acostumbraba, a pesar de los consejos que le daban de tomar precauciones al abrir la puerta y delante de sus ojos, apareció un ser vestido con una túnica negra de lana con capucha, que portaba una guadaña. No pudo ver su cara, solo sintió el duro golpe certero que la hizo perder el conocimiento no sin antes ver su vida pasar deprisa como un cortometraje en blanco y negro.

Su vida había dado un giro tal y como lo había planeado y pasó a formar parte de las almas en pena que pueblan la tierra por haberse encontrado la muerte por sorpresa y sin estar preparados aún para abandonar la vida.

Sintió que flotaba llevada por una corriente, esta vez de aire templada, se sentía ligera y lo único que veía era un túnel oscuro por el que pasaban todo tipo de personas en todas las direcciones. Vio mujeres y hombres, niños pequeños y ancianos, todos flotaban pero no a la misma velocidad, unos iban mas deprisa que otros, no le daba tiempo a ver las caras, no sabia lo que sentía, no tenia frío, tampoco calor, no tenia miedo, no pensaba en nada, no sentía nada, de pronto vio un punto de luz en el infinito de aquel túnel, una luz cegadora. Comprendió enseguida que no era dueña de sus actos. Flotaba suavemente en una dirección, hacia la luz. Escuchó claramente una voz amortiguada que decía:_mira la luz no dejes de mirarla aun no tienes que marchar no ha llegado tu hora, dirígete a la luz..., se vio sorprendida por una mano fuerte que la agarró con impulso y comenzó a deslizarse en aquel camino a mas velocidad, el viento suave y cálido le hacia volar la melena, no podía distinguir quien era el que la asía de la mano llevándola a la luz intensa del fondo del camino, no podía ver nada que no fuera la luz blanca a la que se dirigía.


Nunca supo cuanto tiempo estuvo allí pero el recuerdo de aquel día monótono y solitario en el que decidió que su existencia daría un giro,  quedó guardado en su memoria durante el resto de los días de su vida. 


(imagen tomada de http://infomudi.blogspot.com.es/, obra de Saul Steinberg, La chica de la bañera (1949))

OJO CLÍNICO

LLego con el parte en la mano, mi macuto cargado de guantes, zuecos, bata tiesa y blanca, compruebo el número del portal tres veces y el piso otras tres, es el 4ºA. LLamo al telefonillo y pasados unos instantes, que se hacen para mi, extensos, contesta una voz madura y temblorosa : _¿Si? ¿quién es?, yo contesto con tono amable:  _Buenos días, ¡Ayuda a domicilio!. Seguidamente escucho el sonido en la puerta que me indica que me abre, empujo y entro en el portal buscando el ascensor, cosa que no existe, aunque está en proyecto de instalación por las fotos que veo de soslayo en el tablón de anuncios, encima de los buzones.

Subo los cuatro pisos con sus correspondientes pasillos y por fin llego a mi destino, con la lengua un poco fuera, pero disimulando mi ahogo. Una puerta entreabierta a la que llamo con los nudillos, al mismo tiempo que digo:_Buenos días, ¿se puede?. Sale a mi encuentro una mujer con el pelo aplastado en un lateral, de haberse levantado de la cama,  pero con peinado de peluquería, una bata larga perfectamente abrochada y ceñida con un cinturón a la cintura, en los pies zapatillas de estar por casa. Nos presentamos y se disculpa educadamente, por haber tardado en abrir, al parecer la pillé en el retrete, lo se porque la cisterna aún se está cargando, según puedo escuchar y porque son horas de ir al retrete.

El aroma que se respira predominante, es a café, de cafetera italiana recién quitada del fuego y a tostadas de pan de barra en carmelita, de las de hierro negro con pintas blancas, de toda la vida.

Me enseña su casa, un pequeño recibidor presidido por un gran espejo y un mueble taquillón, algunos cuadros colgando en las paredes y una columna de alabastro que porta un elegante jarrón, a la izquierda se encuentra el aseo, con plato de ducha y mampara, sanitarios en color café con leche y otra puerta que da a un pequeño office, mesa camilla, silloncitos, mueble con un televisor y teléfono, que desemboca en una diminuta y recogida cocina que se ubica en lo que antes era una terracita. La obra la hizo el marido, fallecido hace tan solo un año, me cuenta.

De frente al recibidor entramos en el salón con un mueble mural en la pared de la derecha en el que se exponen fotos familiares, pocos libros y algunas figuras de adorno, seguramente traidos de viajes o bien,  regalos atesorados durante su vida. Una mesa redonda de madera oscura, adornada con un centro floral artificial pero muy logrado, con cuatro sillas tapizadas, están en el medio, un escalon separa la zona donde se encuentra el sofá y una mesa auxiliar de centro, cromada en dorado y de cristal, la base es de espejo, también en ella se lucen algunas fotos y adornos.

Desde el salón se accede a una habitación principal con una cama de matrimonio, mesillas, coqueta, armario, todo a juego y butaca descalzadora tapizada en color verde agua. También se accede a otra habitación donde duerme ella ahora desde que se quedó viuda, con dos camas, mesillas y armario, también hay una butaca descalzadora, en este caso tapizada en color marrón, las colchas de las camas hacen juego con los cojines que hay encima de ellas.

Mientras paseamos por la casa, me va contando que tiene dos hijos, una hija y un hijo, este último vive en Barcelona, también me cuenta que tiene cuatro nietos, dos de cada uno de sus hijos. Que a los de Barcelona los ve poco, pero que su hija está pendiente de ella y es la que gestiona todas sus cosas. Ella tiene 85 años y ha quedado viuda no hace a penas un año. Está en el transcurso de un duelo.

Me fijo bien en ella  y me topo con sus ojos, tristes, serios, con una cierta decadencia, tímida retraída de toda la vida, pero algo más desinhibida  ahora que nunca, quizá por la propia edad, por la experiencia acumulada. Sonríe hacía adentro, es como si le diera vergüenza, mostrarse contenta.

Siempre he interpretado, una historia, leída, contada, escuchada o fruto de mi imaginación, que dice que, las personas con las que te cruzas en esta vida, es porque han sido importantes para ti en tu vida pasada y se vuelven a representar en tu existencia hasta que cumplas tu Karma con cada uno de ellos, o algo así es lo que me gusta pensar para poner plena conciencia y centrarme en la persona que tengo delante con la que una relación interpuesta comienza cada día.

Poco a poco me fue contando su vida, desde niña hasta ahora, con algunos regresos a otras épocas de su vida en las que cortó carne en una carnicería sin saber, pero con su inteligencia, sabia como conquistar a las clientas y que estuvieran contentas, otro episodio en el que ideó hacer jabón para lavar y venderlo a sus vecinas y conocidas, como jabón mágico, hasta que decidió no volver a hacerlo, con el fin de que no la conocieran por "la del jabón".

Asegura que siempre le han criticado, y mi curiosidad espontánea, no evitó preguntar, pero ¿por qué te han criticado? , a lo que me respondió: _ pues por llevar a mis hijos siempre muy bien vestidos, pero yo no hacía caso nunca, ¿me entiendes? buenos días, buenas tardes y santas pascuas, aquí paz y después gloria.

Está totalmente al corriente de la situación política, tanto del nuevo de la coleta, como el guapo del psoe.  Muy centrada en su partido, pero su vecina y amiga, con la que comparte tardes de café con leche frente al televisor, es del pp de toda la vida. Ella desde luego que no va a entrar en debate con su amiga, decía, por lo que le sigue la corriente y por dentro se ríe, anda que si supieras la que le van a meter al Rajoy en las elecciones, le dice por dentro, mientras disimula llevando la corriente con su cara ensayada de tomar el té. Hay veces que van juntas al teatro, a pasear, a meredendar con otras dos amigas mas, al teatro van porque tanto a su hija como a los hijos de su vecina y amiga les invitan en sus trabajos al teatro, y ellos se las regalan a ellas para que vayan.

Después de varios días de convivencia matutina y de haber ido juntas a la compra y al banco, varios días de observación y habiendo detectado un cierto temblor, despiste, confusión y nerviosismo cuando interactuaba con las personas para sacar dinero de su cuenta, en el momento de pagar la cuenta en el supermercado y que ella se da cuenta también de que yo lo he visto y que lo se igual que ella, me pide ayuda de alguna forma, o así lo entiendo yo, cuando me cuenta que se siente acobardada, que ha perdido mucho y a veces no tiene palabras cuando está con sus amigas, que ellas hablan mucho y que ella siempre se calla, que no sabe qué decir o no encuentra las palabras adecuadas.

Conmigo se expresa adecuadamente, no le faltan palabras y además puedo vislumbrar que se trata de un tema de caracter forjado, no detecto un deterioro más allá de sus muchos años de vida, su inseguridad por su torpeza al caminar y por haberse quedado sola. Por lo que le propongo realizar algunos ejercicios terapéuticos para ejercitar sus capacidades cognitivas, sobre todo la atención y la memoria.

Ella al principio me dice que lo va a hacer mal, no sabe hacer a penas nada, no tuvo la oportunidad de estudiar, pero siempre había dicho que aunque tuviera que arrancar piedras con los dientes, sus hijos estudiarían y ahora podía estar satisfecha porque su objetivo estaba cumplido.

Le animé contándo los beneficios de ejercitar el cerebro, le mostré algunas actividades que le parecieron atractivas, por lo que comenzamos a hacerlo y se sintió contenta diciendome incluso que tenía ilusión por vivir y por superarse, practicando su firma y  la escritura con las caligrafías , ejercitaría el pulso y la precisión al colorear sin salirse de los bordes del dibujo.

Si firmo en el banco o en cualquier sitio no me importa, decía, no me conocen y me da igual, pero si tengo que firmar en las reuniones de propietarios de la finca, quiero hacerlo bien, no quiero que se rían.

El caso es que ha pasado  el tiempo, ella continua con sus cosas, sus despistes, su falta de audición, su frío, sus picores, sus tisanas, la homeopatía, mientras las caligrafías y el memory, se quedan muy bien guardados en un cajón super ordenado que tiene en su mueble del cuarto de estar.

Siempre me dice que ayer ha estado muy malita, que se quedó echa unos zorritos sentada en el sofá del cuarto de estar, supongo que viendo la televisión, que es lo que más le gusta. No puedo hacer mucho, si le insisto se pone nerviosa y se altera.

Están poniendo el ascensor en la finca, con todo lo que conlleva, operarios ataladrando la pared, electricistas entrando y saliendo; está muy preocupada por el polvo que entra en su casa, lo que quiere de mi unicamente es que limpie todos los días el mueble, sus fotos y la lámpara de lágrimas que cuelga de su salón, eso si, una por una, que brillen, ella no llega y además si se sube en la banqueta no puede echar la cabeza para atrás al mismo tiempo que sube ambos brazos para arriba, además, me dijo un día, en el ayuntamiento no me dijeron que tenía que hacer lo que tu quieres que haga, dibujitos y tontunas, tu vienes aquí a limpiar, entiendo que no es trabajo para ti, pero eso no lo puedo solucionar, ojalá tengas suerte y encuentres otra cosa pronto, yo me alegraría. La chica que venía antes, que era negrita, no me dijo nunca nada de caligrafías, limpiaba sin rechistar y hacía siempre lo que yo le decía.

Me dio una gran tristeza, supe que no podía hacer nada por ella, solo limpiar sus lágrimas, las de la lámpara, eso si, una por una, que brillaran en la penumbra de aquel salón lleno de recuerdos bien colocados.










Todo parece imposible hasta que se escribe.

Y así fue amiguitos, como aquella muchacha ilusionada, se hizo rica de repente, ganó una gran fortuna, jugando a la lotería por internet.
Como todo lo que ella hacía, usando su ordenador, siempre bajo el asombro y juicio de muchos que no se fiaban de las nuevas tecnologías, consiguió un profesor de inglés gratis, hombre de 78 años, jubilado que vivía en Aberdeen y que se conectaba por Skype para correguir y guiarle con las más que extrañas expresiones del idioma y los temidos "irregular verbs", tan odiados e incomprendidos, compró una bateria de un día para otro para su cascado ordenador portátil, intimó con varios novios, hasta dar con el que creía el acertado con la única salvedad de que vivía a muchos kilómetros de distancia, algo tenía que tener.
En alguna ocasión se le había ocurrido comentarlo con sus más allegados amigos, con su imaginación ilusionante y con todo lujo de detalles, aseguraba que tarde o temprano iba a ocurrir, tarde o temprano la suerte inundaría su vida materialmente, cubriendola de millones de euros que serían el fin de algunos de los problemas que acechaban a muchos de los que le rodeaban.
Aquel día, siguiendo su ritual mañanero, preparó su cafetera, encendió su achacosa máquina para que fuera calentando motores y se sentó delante de aquel escenario, tal y como hacía todos los días de su vida, muchos de ellos sin saber muy bien para qué, pero al ser ilusionada, siempre pensaba que algo podía ocurrir de repente, alguien se pondría en contacto con ella para dar la solución a sus tormentos, una fuerte luz saldría de repente del techo, proveniente de alguna lugar totalmente mágico, le iluminaría, le mostraría el camino a seguir, todo se disiparía, no habría dudas, solo esperanza, buen rollo, fluir libre hacía la solución con ojos cerrados, llena de confianza. Le encantaba soñar e imaginar con los ojos cerrados y abiertos también.
Entre los cientos de correos que recibía, llegaba también el de los resultados del premio de la primitiva que jugaba a través de internet. Harta de oirse decir a todas horas, la mítica frase: _ A ver si me toca la primitiva, y la frase que le seguía a esa, que era la de: _ ¿pero juegas? ; decidió inscribirse a una página de internet para jugar semanalmente, sin tener que desplazarse a una administración de loterias, cosa que sabía que nunca haría, y jugar a la primitiva.
Lo hacía sin darse cuenta, pero ella sabía que estaba dentro de las posibilidades del azar y que un día, sus números serían los premiados.
Y así fue amiguitos, sus número salieron premiados un día y ganó el premio que tanto había deseado.



Mamitis

Aún hoy me invade la misma sensación que se apoderaba de mi cuando era pequeña y pasaba unos días del verano con mis tíos y sus hijas en una casa de verano que tenían en un pueblo de Madrid. Supongo que me lo proponían y yo aceptaba, pero no lo recuerdo, el caso es que cuando llegaba la noche, yo echaba mucho de menos a mi madre. Mi tía decía : _ tiene mamitis, para consolarme, cuando lloraba en silencio y me invadía la tristeza, pero a mi no me hacia gracia alguna. No existía consuelo , no había nada ni nadie que pudiera remediarlo, tal como me pasa ahora, solo un abrazo suyo bastaba para sanarme. Solo su mirada y su regazo me proporcionaban la seguridad y la paz que yo necesitaba.
La tuve durante muchos años, y bien sabe el universo que la disfruté con todas mis fuerzas, pero un día, se marchó sin avisar,  a un lugar del que no ha vuelto, se mece en un limbo cada vez más lejano donde los recuerdos no existen, solo yo se quien es cuando estamos juntas, me mira a veces y sonríe casi como antes,  cuando la digo al oído lo mucho que la quiero y lo guapa que está y eso me hace feliz dolorosamente.
Se que está dentro de mi con sus ademanes, con su forma de ver la vida, o al menos es a lo que me aferro día tras día para poder seguir adelante sin ella, sin su risa, sin su voz, sin sus caricias mágicas de madre.
No puedo negar que de niña, la sensación de desconsuelo desaparecía de inmediato cuando me estrechaba en sus brazos, y ahora la sensación es constante en mi vida, aunque me hace fuerte protegerla, cuidarla, darla mil besos y caricias, en mi interior la echo mucho en falta, la necesito aun sabiendo que no la recuperaré jamás.
Te modifica tanto la vida que ya no te acuerdas de como eras antes de su partida. Haces memoria y no recuerdas como fue, ni que llevaba puesto aquel día que desapareció para siempre, entras en un estado de shock traumático irreversible, tanto como su enfermedad.
Solo te queda incorporar la situación a tu pedregosa vida y seguir caminando, recordando y soñando con ella siempre que tu mente te quiera dar un regalo que al despertar se difumina, pero te despiertas con la sensación de haberla abrazado y haber hablado con ella, como antes, tan viva.
Mi padre sueña con ella a menudo, hay veces que lo comparte conmigo, pero es tan doloroso verbalizarlo que la mayoría de las veces se lo calla para no sufrir conmigo, cambia de tema enseguida, qué valentía.