sábado, abril 16, 2016

La deslealtad del perro.

Lo que no llegó a saber nunca aquel pobre hombre pobre, es que un día el perro, por fin habló.

Todo sucedió de repente, un jueves cualquiera, al llegar a casa, una de las habitaciones, en concreto la que habían compartido hasta que ella decidió marcharse a otra, se encontraba vacía.

Tras algunos años, tal vez todos, de diferencias de pensamiento, palabra, obra y omisión, él cargado de un impropio coraje, ya que no era precisamente una de sus cualidades, decidió marcharse.

Habían tenido constantes discusiones y la confianza, si es que algún día existió, se había evaporado por la deslealtad, el abandono, la falta de respeto y la ausencia de compromiso.

Cierto es que a ninguno de ellos les sorprendió todo aquel movimiento, tarde o temprano debía de ocurrir, solo faltaba hacerlo, cerrando así un ciclo vital tóxico y enfermizo.

Ella se llevó una cama, muchos recuerdos vividos y al perro. El resto se lo llevó él y el amor que un día se tuvieron, ese, se lo llevó el viento como a María Sarmiento cuando se fue a la vía a aliviar su cuerpo.

Un día, cuando ya había pasado algún tiempo, siguiendo el curso de uno de sus duelos, ella le llamó para saber de él, interesarse por su estado de salud, trabajo y amor, aunque de lo último no se atrevía a preguntar, aun era pronto para una respuesta que no quería, en el fondo, saber.

Hablaron como falsos amigos, cordialidad contenida, incómodos silencios y finalmente una noticia sin importancia, y es que él, había incorporado a su vida un loro, esa mascota que tanto él había deseado siempre, pero que ella, con su mente analítica y responsable, nunca había estimado oportuno tener, quitándole la idea de la cabeza con algunos argumentos, como no, de peso.

Fue gracioso saber que él, al menos había cumplido ya, uno de sus frustrados y absurdos deseos.
Cuando colgó el teléfono, se le ocurrió contárselo al perro. A fin de cuentas era su compañero, con el que compartía su vida, acurrucados en las oscuras y frías noches de invierno.

El animal, escuchó atentamente, moviendo sus cejas como acostumbraba cuando recibía información de interés. Emitió un pequeño gruñido de disconformidad, se revolvió sobre si mismo, dió un salto a la cama, escarbó la manta con determinación y se acomodó como una esfinge. Serio, altivo, prácticamente inmóvil.

Ella se sorprendió de su repentina reacción, no le había visto así antes. Le cogió la cara con las dos manos y le beso en la cabeza como siempre.

De repente el perro carraspeó y comenzó a hablar:

_  Atiende, el buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar. Ya verás la que le va a preparar el loro, es cuestión de tiempo.

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domingo, junio 21, 2015

La mal querida

Que se te cumplan todos tus deseos, dijo Tamiris clavando su pupila en la pupila azul de Martin.
Instantes después, comenzó a sentir un impedimento en la garganta, que le impedía respirar. 

Murió, casi de inmediato, no pudieron hacer nada, en el caso de haber podido, intuyo que su amado Martin, tampoco se hubiera molestado ni en cambiar de postura, le pilló en mala hora, echando un sueñecito.
Aunque su relación había terminado, como todo en esta vida, al menos supo por fin, en su lecho de muerte, que su intuición nunca fallaba.


Tamiris murió intranquila, por lo que lógicamente, se tenía que inventar un plan para convertirse en aparecida, cosa que la reconfortaba por dentro, pues sabía del miedo que esa situación, podía despertar en su amado Martin.
No pudo evitar esbozar una sonrisa antes del rictus mortis, lo que generó una nube de fotografías de todos los que acudieron al sepelio, que entre otras cosas, no daban crédito a sus ojos.
Hubo quien dijo: _ Uy, pero si de cara está casi mejor que viva.


Dicen que el último sentido que se pierde al morir es el oído, por eso hay que tener mucho cuidado de lo que se dice, estándo el cadáver de cuerpo presente, susurró una mujer negra, que pasaba la mopa en la sala donde velaban a Tamiris, mientras pasaba por detrás de los que comentaban sobre el aspecto de la muerta.
Lo dejó caer presignándose al mismo tiempo y abriendo los ojos más de lo habitual para ver lo cotidiano, yo diría que como una señal de alerta o bien un advertimiento.


Efectivamente, al percatarse de los ojos tan abiertos de aquella mujer negra, lo tomaron como una señal y procedieron, cada cual, como entendió que debería.
El amado Martin, se fue a un concierto, dando por disuelta la reunión, su prima Tina, la susurró que no se preocupara de nada, que ya subía ella las fotos al facebook.
Su amiga Aradel, le pidió perdón y rogó para que fuera ella la que estuviera, al otro lado del túnel de luz, cuando a ella, le llegara el momento.

El alma de Tamiris, ya volaba por encima de sus cabezas.

Lo que más sorprendió a Tamiris de estar muerta, era que vivía. Si, de otro modo, con otras capacidades que tendría que probar, pero vivía.
Ya sabía que con la mortaja, sería más que suficiente para ejercer de aparecida, no le hacía falta nada más, el uniforme estaba resuelto, ahora, se tenía que preocupar de a quien liarsela primero, y eso requería observancia y justicia

A quien no le ha apetecido ser invisible alguna vez, solo en alguna ocasión, sin medir las consecuencias, estamos de acuerdo, pero seguramente que a muchos, el que lo niegue, ya sabemos que miente con total seguridad.
Por eso, una de las primeras cosas que hizo Tamiris de muerta, fue, por absurdo que parezca, ir a casa de Lucía a comprobar si efectivamente, no usaba vanish oxyaction para blanquear su ropa.
Por supuesto. una vez más estuvo orgullosa de su avispada intuición.

Tamiris se adaptó muy pronto a su nueva condición, es como si hubiera estado muerta toda la vida. En principio y conocedora de que tenia tiempo de sobra, prefirió entrenarse con tonterías, cosillas de poca importancia que le ayudarían a irse apareciendo, para saldar cuentas a más de uno que lo merecía.
Después de descubrir la absurda mentira de Lucía, quiso saber por qué sonríen tanto las monjas de clausura.

De todos es sabida la existencia de fantasmas, espíritus y almas en pena, en conventos, iglesias, hospicios, hospitales y en general todos aquellos lugares cargados de misterio por el pueblo y la historia.
Por ese motivo, Tamiris, no dudo en merodear por uno de estos lugares, con el fin de averiguar qué es lo que allí pasaba que hacía parecer tan felices a sus habitantes.Se decantó por el convento de las adoratrices perpétuas del santísimo sacramento, no me digas por qué, pero el caso es que una vez dentro, pronto averiguó que lo que allí se cocía, era ni más ni menos, que su manjar más preciado, chocolate y bombones de altísima calidad.
Todas las monjas sonreían sin parar mientras trabajaban en silencio, a ver, tu me dirás, como para no, además también usaban brandy para confitar higos y algún trago que otro, también se echaban, sin tapujos en nombre del señor.
A Tamiris le quedó claro también esta vez, que todo en esta vida tiene una explicación.

 Anduvo por los pasillos, como no, también entró en las celdas, paseó por la cocina y en general por todas las estancias del convento, como Pedro por su casa, sin llamar la atención de ninguna de las hermanas, incluso cambió varias cosas de sitio con el fin de hacerse notar, pero no hubo suerte, entre unas y otras se ayudaban sin dar importancia al tiempo perdido en buscar tal o cual objeto, que Tamiris, había extravíado para alterar el orden metódico del lugar.
Allí hacían cada una, lo que mejor sabía, sin presiones, sin prisa, sin tener que superarse, siendo también razón de más, para lucir siempre en su rostro, una sonrisa.

Aunque Tamiris estaba muerta, se moría de ganas de espiar a Martin.
Estaba tan defraudada, que pensar en él, le proporcionaba una inmensa tristeza que la convertía en un alma en pena y eso, era lo último en lo que se quería convertir.
Debajo de una catalpa, en el patio del convento, la hermana Ramona zurcía unas medias y al observarla, se dio cuenta de que podía leer también, su pensamiento, que en ese momento era esta sorprendente afirmación.
_ El que mea tieso y claro, no necesita médico ni cirujano.

Tras breves instantes de total estupor, Tamiris no quiso seguir indagando, por temor a meterse en aguas pantanosas. De viva, nunca se le dio bien nadar y mucho menos, guardar la ropa, por eso, conociéndose, decidió ir a buscar la real causa de los atascos y caravanas, otra de sus extravagantes curiosidades que no dejaría de descubrir, desde otro prisma y olvidar por el momento, los sorprendentes pensamientos de la monja.

Se decidió por la carretera de Valencia, recordando los viajes interminables de su niñez a Torrevieja.
Se fue a indagar donde estaba la raíz del problema y se sorprendió diciendo:_¡Mujer tenías que ser!., llevándose una mano a la cabeza, como señal de sorpresa. Más tarde descubrió, que en realidad, el que conducía se llamaba Paco y venía de una fiesta de disfraces, muy bien caracterizado, pareciendo enteramente una mujer, por su condición de barbilampiño.

Una vez más, sorprendida por un hombre.
Tamiris recordó que ya llevaba unos días muerta, y tal vez iba siendo hora de merodear por ahí, a ver qué hacía su amado Martin, aunque se temía que tal vez, no se asombrara demasiado.
Solo tenía que pensar en aquella persona que desearía ver y su alma, viajaba atravesando la luz y el sonido, para ponerse junto a ella.
En menos de lo que nunca hubiera llegado a imaginar, estaba en casa de Martin y él frente al espejo, ensayando sonrisas, como siempre, ausente a su presencia silenciosa e invisible para aquellos que no tienen dos dedos de frente.
Lo primero que le apeteció, fue soltarle una gran colleja, pero le amaba a pesar de todo y decidió solo soplar en su nuca, así, comenzaría a divertirse.
El segundo susto sería pasear por su casa, vestida de blanco con un candil en la mano, eso siempre ha dado mucho miedo.
Tamiris no podía evitar taparse la boca para reírse, aun pensaba que la podía oír, eso sí que atormenta.


Entonces, comenzó a reírse en alto, sin tapar su boca con la mano para no dejar salir el sonido, tan contagioso a veces, tan molesto otras tantas y tan atormentador y misterioso, cuando lo oímos sin tener identificado al emisor.
Enseguida pudo ver Tamiris, el efecto causado con su hazaña.
El amado Martín empalideció sorprendente a pesar de su estiloso bronceado. Agudizó el oído con los pelos de la nuca de punta desde la raíz, sin haberse sobrepuesto aun, del soplido recibido y por un momento, pensó.

Esa risa me suena, se dijo mentalmente y si no me sonara, diría que es la de la mujer de mi vida.
Tamiris al oir su pensamiento, murió de nuevo, pensando que él seguía buscando, lo que le dijo que había encontrado en ella, un día.
Estando casi de cuerpo presente y ya se había muerto otra vez, la pobre no ganaba para disgustos.
Así es como muerta y todo, emprendió una nueva vida.

No sin antes, haber dado uno que otro susto a Martinito, con sus paseos en mortaja. Ahí cuando menos lo esperaba, se aparecía a su lado, en la cama, en la ducha, detrás de la cortina de plástico, al fondo del pasillo, en el techo, mirándole siempre desde arriba, de esa forma que él no soportaría.

Viendo que su vida corría peligro, después de cada susto, pues siempre tuvo un corazón muy pequeño y consumido, además de no querer que pasara a formar parte de su mundo de muertos, pues la verdad, no le quería volver a ver ni en pintura. Decidió dejar de asustarle y volar a otros lares.

Recordó aquello que un día, aquel chino, sin venir muy bien a cuento, le dijo: _Espela a la olilla del lío y velás el calável de tu enemigo pasal. Ni corta ni perezosa se fue a la vereda de un  río a esperar. Allí estuvo algunas horas y de repente vió como por el caudal venía un cadáver, se acercó porque sabía que era su enemigo y quiso verle de cerca. La sorpresa fue descomunal cuando se vió asimisma en el agua, a la deriva. Enseguida captó el mensaje. Ella era su peor enemigo.

Tres veces muerta eran demasiadas para Tamiris, aunque cierto es, que había oído hablar sobre que no hay dos sin tres, durante toda su vida de viva, por lo que ya sabiéndolo con certeza absoluta, se quedó, sin duda, mucho mas tranquila. Donde va a parar, ni punto de comparación con la muerte repentina. Ahora, mas asentada en su muerte, comenzó a darse cuenta de lo simple y cotidiano de la vida. Esos movimientos que hacemos a diario sin importancia ninguna, esos que solo echa...mos en falta cuando ya no estamos en ellos.
Sentía las emociones ocultas de los vivos, sus sentimientos y sus pudores y comprobaba día a día que todos sabemos lo que nos espera a la vuelta de la esquina, otra cosa es la mentira, muy recurrente a veces, pero vengadora y traicionera sin distinción alguna.
Vio como caían, cual mosca en mierda, uno a uno, todos los mortales que luchaban, cada uno a su manera, por sus deseos y en definitiva, su propia vida.
Algunos de ellos, valientes, sin tener en cuenta ninguna otra cosa mas, aunque fuera implícita.


Uno de esos días en los que se encontraba envuelta en sus ensoñaciones de muerta, ardió en deseos de resucitar, de volver a la vida y por combustión espontánea producida por su pensamiento, se despertó por los golpes, que un señor llamado Segundo, le propinaba con una manta, eso si, zamorana.

El caso es que Segundo no daba crédito a lo que sus ojos veían. De entre las zarzas y rastrojos que prudentemente, quemaba todos los años en la finca, había aparecido envuelta en llamas, una moza vestida con mortaja. Empezó a sospechar que algo se cocía alrededor de todo eso y no tenía nada que ver, con su vida cotidiana.


Pero ese pensamiento, le duró un suspiro. 
Segundo se llamaba así por nacer después de su hermano Principio, se encargó el devenir de la vida de que ésta transcurriera para él, con la misma aparente simpleza y naturalidad con la que su madre eligió su nombre y el de su hermano y lógicamente, era persona que no buscaba más allá de lo que veía con sus propios ojos, pues sabía con certeza, que si hubiera tenido un hermano, se hubiera llamado Tercero, sin opción, por esa linde se regía.
Una vez sofocado el fuego a golpe de manta zamorana, se acercó a ver si Tamiris respiraba, al comprobar que si, marchó a sus quehaceres con una paja en la boca que arrancó sistemáticamente del camino.
No quiso mirar atrás, ya que era muy discreto como para hacer preguntas y también sabía que si era de su incumbencia, ya se enteraría.

 










Continuará...

domingo, diciembre 28, 2014

Aparición II

Creo que el genio anda por aquí otra vez, lo intuyo. Hay ciertas señales inconfundibles.

Aparición

Y de repente apareció ante mi iluminado y con una túnica blanca como única indumentaria. Como todos los genios, me dijo lo típico, que pidiera tres deseos. Lo hice, siguiendo sus instrucciones y aquí estoy, esperando..., no me dijo cuándo ni si se cumplirían, pero si me comentó algo de que lo importante es creer.

domingo, octubre 26, 2014

El fin de los tiempos.

En los albores de la humanidad erase una vez un par de seres humanos que transitaban cada uno por una parte del territorio donde ambos habitaban, sin conocerse, sin ni siquiera verse, sin saber nada el uno del otro.

Un día, sorprendentemente,  fueron atrapados por la cinemática del universo para que, teniendo en cuenta las circunstancias existenciales y vitales de ambos, se juntaran al azar.

Uno de los seres humanos tenía un apéndice que colgaba de su entrepierna, al que se unían como si fuera un accidente, una especie de vejigas o bolsas, dos.

El otro ser humano tenía una incisión hacía dentro, bastante profunda al parecer, en la entrepierna también.

Eso, les diferenciaba básicamente, al uno del otro, luego se fueron descubriendo algunos otros aspectos que sumaban a su diferencia.

El humano, vamos a llamarle Dentro (por la incisión) a partir de ahora, había almacenado en todo el tiempo que había estado solo, algunos víveres preventivos, sin saber muy bien por qué.
En cambio el humano, vamos a llamarle Fuera ( por el apéndice y vejigas) a partir de ahora, había perdido y gastado todo lo que algún día tuvo.

Se conocierron sin venir a cuento, el tercer día ya estaban discutiendo, salvaron obstáculos, siguieron discutiendo, saltaron montes, se destrozaron, se recompusieron, se gastaron los víveres preventivos de Dentro y en ese preciso instante, Fuera,  decidió que tenía que partir lejos de allí.

Ya no había víveres y Fuera atisbaba el peligro, visualizando un horizonte secreto,  lleno de víveres solo para él, así que prescindió a toda consta de Dentro que no era capaz de reaccionar a los estímulos, ni auditivos, ni visuales, ni dolorosos, había caído en parada cardiorespiratoria, así tan joven, sin haberse divertido lo suficiente.

Se fue al otro barrio sin más, y Fuera vivió el resto de su existencia viendo espíritus en los rincones de su corazón.

Finito.





jueves, agosto 07, 2014

El fuego

Cuenta la leyenda que quien juega con fuego, al parecer al final, se quema. Pero también es cierto que prender una cerilla es un remedio muy eficaz contra el olor a mierda. Que contrariedad, algo que puede hacer daño y que también sirve para algo positivo y aliviador. Cosas como estas suceden a cada rato en la cotidianidad del transcurso de la vida. ¿ Qué se debe hacer?, no olvidemos que para prender un fósforo es necesario una cierta destreza. Recuerdo aquel día que prendía una y otra vez los fósforos de una caja de esas de cocina, eran de madera y de muy mala calidad o bien estaban pasados, ninguno prendía a la primera. Para no dejar rastro, yo metía los fallidos en la caja, mi estado de ánimo era cada vez mas ofuscado y nervioso, al ver que no se cumplía mi objetivo, el caso es que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y cuando por fin conseguí prender uno, en acto involuntario lo introduje encendido en la caja de cartón llena, llevada por la sinergia o cinemática de mis movimientos repetitivos, produciendo una combustión casi espontánea en mis manos ocupadas, la postura que tenia en ese momento, tampoco me acompañó, y el susto aun permanece en mi recuerdo. El olor se disipó, sin duda, pero pude constatar al mismo tiempo que efectivamente, quien juega con fuego, tiene todas las papeletas para quemarse.
Con esta reflexión, llego al pensamiento de que si el río suena, agua lleva, es decir, siempre hay que tener precaución con estas contrariedades que nos rodean, pues ni todo es tan malo ni tampoco tan bueno. Mi recomendación es ojo avizor.

viernes, agosto 01, 2014

Muertos viviendo.

El día que me contó que había visto su propia esquela en el periódico del domingo, supe con certeza, que algo definitivamente, había cambiado. Me miró tranquilo y me dijo: _ya decía yo que no tenía ganas de nada, cómo iba a tener, si hasta he muerto y no me he dado cuenta, no se ni cómo ha ocurrido. ¿tu sabes algo?.

Intenté pensar con rapidez con el fin de afrontar aquello, la verdad es que no sabía muy bien qué responder, así que guiado por un instinto natural,  no se me ocurrió mejor cosa que decir: _Ah, si claro, no te preocupes, yo también lo estoy, no pasa nada. Mirá, dije cogiendo sus manos con las mias y llevándomelas a la cara. _Tócame, ¿ves?, sigo estando aquí, igual que tu, no es importante, no pasa nada.

Respiró con alivio y al poco rato me preguntó que cuando era el entierro, no tenía ropa que ponerse y eso le preocupaba, qué iban a pensar los vecinos, con lo que con mucha calma, le convencí de que ya nos enterraríamos en otro momento, además eran las segundas rebajas, tal vez mañana podíamos salir a comprar algo de ropa especial para la ocasión, le pareció bien, así que brindamos con nuestro poleo menta fresquito para celebrar nuestra gran idea.

Poco tardó en revolver en su obsesivo pensamiento nuevamente, para comunicarme que quería enterrarse en primavera, ya que estaba convencido de que él era simiente de tomatera, le gustaba tanto el tomate y había comido tantos en toda su vida, que no podía ser de otra forma. Aproveché entonces para decirle que como ya sabía, estábamos en el mes de Julio, tendríamos que esperar al año que viene si queríamos que su deseo se cumpliera.

La realidad de aquella escena, simplemente era otra, otra más, de las miles de realidades que nos rodean, ceñirse a una sola es como si cortáramos las alas a los pájaros que nacieron con ellas puestas.

Abrir las puertas y las ventanas, que pase el fresco...