miércoles, diciembre 12, 2018

Un sueño petardo en la bañera.

Se deslizó hacia el baño arrastrando los pies, encendió un par de velas, luego un cigarro y fumó mientras llenaba la bañera, viendo el agua caer a chorro,  sentada en el borde, hipnotizada por el fluir del liquido, se imagino por unos instantes con cola de sirena, nadando cerca de un velero varado en el mar espiando a sus tripulantes, que tomando el sol en cubierta, no se percataban de su existencia. 

Se sintió libre y muy lejos de ella misma. 

Al regresar en si, apagó el cigarrillo y se sumergió en el agua muy despacio. 

A su alcance había un cajón en el que guardaba sales y ungüentos desde tiempos remotos, alargó el brazo, lo abrió cogiendo un frasco de cristal con unas perlas brillantes en su interior; por fuera, en la etiqueta, la imagen de una casual sirena saludaba sonriente con la mano, volcó un poco del contenido en el agua que se tornó de un suave color anaranjado, desprendiendo un agradable aroma a flores, respiró profundamente cerrando los ojos, abandonada al abandono y a la relajación.

Pasados unos instantes, su respiración profunda la transporto a tiempos pasados, se vio así misma claramente, con dos trenzas muy finas rematadas con un lazo azul marino en la punta; llevaba el uniforme del colegio, estaba en el patio de la casa donde había vivido, en el que una higuera ocupaba el centro, extendiendo sus inmensas ramas plagadas de frutos; todo apuntaba a que era verano y ella, aquella niña que llevaba muchos años sin recordar.

Se visualizo en el columpio, con las faldas subidas por el balanceo, carcajadas despreocupadas, los ojos cerrados fuertemente y entonces, escucho a su madre que la llamaba. 

Redondeada y llena de ternura, con la piel blanca como la leche, esa mujer, tenía un regazo que curaba todos los males, el dolor de tripa , el de muelas, las heridas en las piernas y en los brazos, los chichones y el dolor de corazón; su aroma a jabón y vainilla la acunaba tarareando una canción de la que no sabía la letra y pasados unos segundos el dolor desaparecía sin dejar rastro. Siempre mágica.

Su madre se esfumó y de pronto se encontró en casa de su abuelo, esa casa soleada en la que por todas las ventanas veía el mar inmenso, tumbada en una hamaca frente al mar, con la vista perdida en el horizonte,  que unía su azul con el del cielo, creando la sensación de flotar en el infinito; quiso volar y llegar a lo mas alto para luego bajar y tocar el fondo submarino convirtiéndose en un pez de escamas plateadas, que surcara los mares sin rumbo conocido. 
Allí paso los mejores momentos de su infancia, la boca salada y el olor a verano inundó sus sentidos.

El agua del baño comenzaba a enfriarse, haciéndola sentir incómoda. Con el dedo gordo de su pie tanteó hasta conseguir la cadena del tapón y lo quitó para que el agua se fuera por el desagüe sin cambiar de postura. De pronto, tuvo la sensación de hundirse en la bañera, su cuerpo se encogía de una forma inexplicable y una fuerza centrífuga la arrastraba sin remedio, estaba horrorizada, todo ocurría muy deprisa, la corriente la arrastraba hacia el desagüe, era como si estuviera bajando por los rápidos de un río embravecido, era inútil luchar, pues su tamaño había mermado hasta convertirse en el de un insecto y se dejó llevar rendida.

Con las manos en la cara para no ver su destino y envuelta en la corriente de agua anaranjada, salió por el desagüe camino de las tuberías, bajó deprisa con un ensordecedor ruido atronando sus oídos, dando tumbos y vueltas sobre si misma durante todo el trayecto, hasta que se hundió en otras aguas, luchando con todas sus fuerzas por salir a la superficie. 

Le faltaba el aire tenia que respirar.

Por fin lo logró, despavorida, con náuseas y mareada, intentó tranquilizarse para salvar su vida respirando hondo sin dejar de moverse para no hundirse de nuevo, el cansancio se estaba apoderando de su diminuto cuerpo y las fuerzas flojeaban. 
Al parecer notó que algo se acercaba por su espalda, se giró y vio que era una enorme botella de plástico que se dirigía hacia ella flotando despacio. 
Sacó sus últimas fuerzas para nadar a su encuentro y logró meterse en ella con mucha dificultad. Una vez dentro, se dispuso a sacar el agua que había dentro, ayudándose con sus pequeñas manos y así, poder descansar.

Cuando se creyó a salvo con la mente confundida y con el corazón a punto de estallar, desnuda y empapada, pero al menos ya no tenía que luchar por mantenerse a flote en aquella cloaca, no daba crédito a lo ocurrido, tumbada en aquella barca de auxilio improvisada, comenzó a llorar sin consuelo con los ojos cerrados fuertemente. No quería abrirlos, le dolían las sienes de apretar los párpados, la aterrorizaba verse en aquella situación. Las lágrimas corrían por su cara y entonces fue cuando un insistente timbre lejano llegó a sus oídos. Abrió los ojos despacio y descubrió que estaba en la bañera de su casa, desnuda, con la piel arrugada de estar en remojo, las velas consumidas chorreando cera por el suelo y aun quedaba agua anaranjada en la bañera. Alguien llamaba a su puerta, todo había sido un mal sueño.

Salió de la bañera con las piernas temblorosas y algo aturdida por el suceso, se envolvió en el albornoz y descalza chorreando agua, se dirigió hacia la puerta deprisa y extrañada. Era tarde, no sabía muy bien la hora pues había perdido la noción del tiempo en el baño, pero lo que si sabía es que no esperaba a nadie.

Abrió la puerta sin mirar por la mirilla como acostumbraba, a pesar de los consejos que le daban de tomar precauciones al abrir la puerta y delante de sus ojos, apareció un ser vestido con una túnica negra de lana con capucha, que portaba una guadaña. No pudo ver su cara, solo sintió el duro golpe certero que la hizo perder el conocimiento no sin antes ver su vida pasar deprisa como un cortometraje en blanco y negro.

Su vida había dado un giro tal y como lo había planeado y pasó a formar parte de las almas en pena que pueblan la tierra por haberse encontrado la muerte por sorpresa y sin estar preparados aún para abandonar la vida.

Sintió que flotaba llevada por una corriente, esta vez de aire templada, se sentía ligera y lo único que veía era un túnel oscuro por el que pasaban todo tipo de personas en todas las direcciones. Vio mujeres y hombres, niños pequeños y ancianos, todos flotaban pero no a la misma velocidad, unos iban mas deprisa que otros, no le daba tiempo a ver las caras, no sabia lo que sentía, no tenia frío, tampoco calor, no tenia miedo, no pensaba en nada, no sentía nada, de pronto vio un punto de luz en el infinito de aquel túnel, una luz cegadora. Comprendió enseguida que no era dueña de sus actos. Flotaba suavemente en una dirección, hacia la luz. Escuchó claramente una voz amortiguada que decía:_mira la luz no dejes de mirarla aun no tienes que marchar no ha llegado tu hora, dirígete a la luz..., se vio sorprendida por una mano fuerte que la agarró con impulso y comenzó a deslizarse en aquel camino a mas velocidad, el viento suave y cálido le hacia volar la melena, no podía distinguir quien era el que la asía de la mano llevándola a la luz intensa del fondo del camino, no podía ver nada que no fuera la luz blanca a la que se dirigía.


Nunca supo cuanto tiempo estuvo allí pero el recuerdo de aquel día monótono y solitario en el que decidió que su existencia daría un giro,  quedó guardado en su memoria durante el resto de los días de su vida. 


(imagen tomada de http://infomudi.blogspot.com.es/, obra de Saul Steinberg, La chica de la bañera (1949))

OJO CLÍNICO

LLego con el parte en la mano, mi macuto cargado de guantes, zuecos, bata tiesa y blanca, compruebo el número del portal tres veces y el piso otras tres, es el 4ºA. LLamo al telefonillo y pasados unos instantes, que se hacen para mi, extensos, contesta una voz madura y temblorosa : _¿Si? ¿quién es?, yo contesto con tono amable:  _Buenos días, ¡Ayuda a domicilio!. Seguidamente escucho el sonido en la puerta que me indica que me abre, empujo y entro en el portal buscando el ascensor, cosa que no existe, aunque está en proyecto de instalación por las fotos que veo de soslayo en el tablón de anuncios, encima de los buzones.

Subo los cuatro pisos con sus correspondientes pasillos y por fin llego a mi destino, con la lengua un poco fuera, pero disimulando mi ahogo. Una puerta entreabierta a la que llamo con los nudillos, al mismo tiempo que digo:_Buenos días, ¿se puede?. Sale a mi encuentro una mujer con el pelo aplastado en un lateral, de haberse levantado de la cama,  pero con peinado de peluquería, una bata larga perfectamente abrochada y ceñida con un cinturón a la cintura, en los pies zapatillas de estar por casa. Nos presentamos y se disculpa educadamente, por haber tardado en abrir, al parecer la pillé en el retrete, lo se porque la cisterna aún se está cargando, según puedo escuchar y porque son horas de ir al retrete.

El aroma que se respira predominante, es a café, de cafetera italiana recién quitada del fuego y a tostadas de pan de barra en carmelita, de las de hierro negro con pintas blancas, de toda la vida.

Me enseña su casa, un pequeño recibidor presidido por un gran espejo y un mueble taquillón, algunos cuadros colgando en las paredes y una columna de alabastro que porta un elegante jarrón, a la izquierda se encuentra el aseo, con plato de ducha y mampara, sanitarios en color café con leche y otra puerta que da a un pequeño office, mesa camilla, silloncitos, mueble con un televisor y teléfono, que desemboca en una diminuta y recogida cocina que se ubica en lo que antes era una terracita. La obra la hizo el marido, fallecido hace tan solo un año, me cuenta.

De frente al recibidor entramos en el salón con un mueble mural en la pared de la derecha en el que se exponen fotos familiares, pocos libros y algunas figuras de adorno, seguramente traidos de viajes o bien,  regalos atesorados durante su vida. Una mesa redonda de madera oscura, adornada con un centro floral artificial pero muy logrado, con cuatro sillas tapizadas, están en el medio, un escalon separa la zona donde se encuentra el sofá y una mesa auxiliar de centro, cromada en dorado y de cristal, la base es de espejo, también en ella se lucen algunas fotos y adornos.

Desde el salón se accede a una habitación principal con una cama de matrimonio, mesillas, coqueta, armario, todo a juego y butaca descalzadora tapizada en color verde agua. También se accede a otra habitación donde duerme ella ahora desde que se quedó viuda, con dos camas, mesillas y armario, también hay una butaca descalzadora, en este caso tapizada en color marrón, las colchas de las camas hacen juego con los cojines que hay encima de ellas.

Mientras paseamos por la casa, me va contando que tiene dos hijos, una hija y un hijo, este último vive en Barcelona, también me cuenta que tiene cuatro nietos, dos de cada uno de sus hijos. Que a los de Barcelona los ve poco, pero que su hija está pendiente de ella y es la que gestiona todas sus cosas. Ella tiene 85 años y ha quedado viuda no hace a penas un año. Está en el transcurso de un duelo.

Me fijo bien en ella  y me topo con sus ojos, tristes, serios, con una cierta decadencia, tímida retraída de toda la vida, pero algo más desinhibida  ahora que nunca, quizá por la propia edad, por la experiencia acumulada. Sonríe hacía adentro, es como si le diera vergüenza, mostrarse contenta.

Siempre he interpretado, una historia, leída, contada, escuchada o fruto de mi imaginación, que dice que, las personas con las que te cruzas en esta vida, es porque han sido importantes para ti en tu vida pasada y se vuelven a representar en tu existencia hasta que cumplas tu Karma con cada uno de ellos, o algo así es lo que me gusta pensar para poner plena conciencia y centrarme en la persona que tengo delante con la que una relación interpuesta comienza cada día.

Poco a poco me fue contando su vida, desde niña hasta ahora, con algunos regresos a otras épocas de su vida en las que cortó carne en una carnicería sin saber, pero con su inteligencia, sabia como conquistar a las clientas y que estuvieran contentas, otro episodio en el que ideó hacer jabón para lavar y venderlo a sus vecinas y conocidas, como jabón mágico, hasta que decidió no volver a hacerlo, con el fin de que no la conocieran por "la del jabón".

Asegura que siempre le han criticado, y mi curiosidad espontánea, no evitó preguntar, pero ¿por qué te han criticado? , a lo que me respondió: _ pues por llevar a mis hijos siempre muy bien vestidos, pero yo no hacía caso nunca, ¿me entiendes? buenos días, buenas tardes y santas pascuas, aquí paz y después gloria.

Está totalmente al corriente de la situación política, tanto del nuevo de la coleta, como el guapo del psoe.  Muy centrada en su partido, pero su vecina y amiga, con la que comparte tardes de café con leche frente al televisor, es del pp de toda la vida. Ella desde luego que no va a entrar en debate con su amiga, decía, por lo que le sigue la corriente y por dentro se ríe, anda que si supieras la que le van a meter al Rajoy en las elecciones, le dice por dentro, mientras disimula llevando la corriente con su cara ensayada de tomar el té. Hay veces que van juntas al teatro, a pasear, a meredendar con otras dos amigas mas, al teatro van porque tanto a su hija como a los hijos de su vecina y amiga les invitan en sus trabajos al teatro, y ellos se las regalan a ellas para que vayan.

Después de varios días de convivencia matutina y de haber ido juntas a la compra y al banco, varios días de observación y habiendo detectado un cierto temblor, despiste, confusión y nerviosismo cuando interactuaba con las personas para sacar dinero de su cuenta, en el momento de pagar la cuenta en el supermercado y que ella se da cuenta también de que yo lo he visto y que lo se igual que ella, me pide ayuda de alguna forma, o así lo entiendo yo, cuando me cuenta que se siente acobardada, que ha perdido mucho y a veces no tiene palabras cuando está con sus amigas, que ellas hablan mucho y que ella siempre se calla, que no sabe qué decir o no encuentra las palabras adecuadas.

Conmigo se expresa adecuadamente, no le faltan palabras y además puedo vislumbrar que se trata de un tema de caracter forjado, no detecto un deterioro más allá de sus muchos años de vida, su inseguridad por su torpeza al caminar y por haberse quedado sola. Por lo que le propongo realizar algunos ejercicios terapéuticos para ejercitar sus capacidades cognitivas, sobre todo la atención y la memoria.

Ella al principio me dice que lo va a hacer mal, no sabe hacer a penas nada, no tuvo la oportunidad de estudiar, pero siempre había dicho que aunque tuviera que arrancar piedras con los dientes, sus hijos estudiarían y ahora podía estar satisfecha porque su objetivo estaba cumplido.

Le animé contándo los beneficios de ejercitar el cerebro, le mostré algunas actividades que le parecieron atractivas, por lo que comenzamos a hacerlo y se sintió contenta diciendome incluso que tenía ilusión por vivir y por superarse, practicando su firma y  la escritura con las caligrafías , ejercitaría el pulso y la precisión al colorear sin salirse de los bordes del dibujo.

Si firmo en el banco o en cualquier sitio no me importa, decía, no me conocen y me da igual, pero si tengo que firmar en las reuniones de propietarios de la finca, quiero hacerlo bien, no quiero que se rían.

El caso es que ha pasado  el tiempo, ella continua con sus cosas, sus despistes, su falta de audición, su frío, sus picores, sus tisanas, la homeopatía, mientras las caligrafías y el memory, se quedan muy bien guardados en un cajón super ordenado que tiene en su mueble del cuarto de estar.

Siempre me dice que ayer ha estado muy malita, que se quedó echa unos zorritos sentada en el sofá del cuarto de estar, supongo que viendo la televisión, que es lo que más le gusta. No puedo hacer mucho, si le insisto se pone nerviosa y se altera.

Están poniendo el ascensor en la finca, con todo lo que conlleva, operarios ataladrando la pared, electricistas entrando y saliendo; está muy preocupada por el polvo que entra en su casa, lo que quiere de mi unicamente es que limpie todos los días el mueble, sus fotos y la lámpara de lágrimas que cuelga de su salón, eso si, una por una, que brillen, ella no llega y además si se sube en la banqueta no puede echar la cabeza para atrás al mismo tiempo que sube ambos brazos para arriba, además, me dijo un día, en el ayuntamiento no me dijeron que tenía que hacer lo que tu quieres que haga, dibujitos y tontunas, tu vienes aquí a limpiar, entiendo que no es trabajo para ti, pero eso no lo puedo solucionar, ojalá tengas suerte y encuentres otra cosa pronto, yo me alegraría. La chica que venía antes, que era negrita, no me dijo nunca nada de caligrafías, limpiaba sin rechistar y hacía siempre lo que yo le decía.

Me dio una gran tristeza, supe que no podía hacer nada por ella, solo limpiar sus lágrimas, las de la lámpara, eso si, una por una, que brillaran en la penumbra de aquel salón lleno de recuerdos bien colocados.










Todo parece imposible hasta que se escribe.

Y así fue amiguitos, como aquella muchacha ilusionada, se hizo rica de repente, ganó una gran fortuna, jugando a la lotería por internet.
Como todo lo que ella hacía, usando su ordenador, siempre bajo el asombro y juicio de muchos que no se fiaban de las nuevas tecnologías, consiguió un profesor de inglés gratis, hombre de 78 años, jubilado que vivía en Aberdeen y que se conectaba por Skype para correguir y guiarle con las más que extrañas expresiones del idioma y los temidos "irregular verbs", tan odiados e incomprendidos, compró una bateria de un día para otro para su cascado ordenador portátil, intimó con varios novios, hasta dar con el que creía el acertado con la única salvedad de que vivía a muchos kilómetros de distancia, algo tenía que tener.
En alguna ocasión se le había ocurrido comentarlo con sus más allegados amigos, con su imaginación ilusionante y con todo lujo de detalles, aseguraba que tarde o temprano iba a ocurrir, tarde o temprano la suerte inundaría su vida materialmente, cubriendola de millones de euros que serían el fin de algunos de los problemas que acechaban a muchos de los que le rodeaban.
Aquel día, siguiendo su ritual mañanero, preparó su cafetera, encendió su achacosa máquina para que fuera calentando motores y se sentó delante de aquel escenario, tal y como hacía todos los días de su vida, muchos de ellos sin saber muy bien para qué, pero al ser ilusionada, siempre pensaba que algo podía ocurrir de repente, alguien se pondría en contacto con ella para dar la solución a sus tormentos, una fuerte luz saldría de repente del techo, proveniente de alguna lugar totalmente mágico, le iluminaría, le mostraría el camino a seguir, todo se disiparía, no habría dudas, solo esperanza, buen rollo, fluir libre hacía la solución con ojos cerrados, llena de confianza. Le encantaba soñar e imaginar con los ojos cerrados y abiertos también.
Entre los cientos de correos que recibía, llegaba también el de los resultados del premio de la primitiva que jugaba a través de internet. Harta de oirse decir a todas horas, la mítica frase: _ A ver si me toca la primitiva, y la frase que le seguía a esa, que era la de: _ ¿pero juegas? ; decidió inscribirse a una página de internet para jugar semanalmente, sin tener que desplazarse a una administración de loterias, cosa que sabía que nunca haría, y jugar a la primitiva.
Lo hacía sin darse cuenta, pero ella sabía que estaba dentro de las posibilidades del azar y que un día, sus números serían los premiados.
Y así fue amiguitos, sus número salieron premiados un día y ganó el premio que tanto había deseado.



Mamitis

Aún hoy me invade la misma sensación que se apoderaba de mi cuando era pequeña y pasaba unos días del verano con mis tíos y sus hijas en una casa de verano que tenían en un pueblo de Madrid. Supongo que me lo proponían y yo aceptaba, pero no lo recuerdo, el caso es que cuando llegaba la noche, yo echaba mucho de menos a mi madre. Mi tía decía : _ tiene mamitis, para consolarme, cuando lloraba en silencio y me invadía la tristeza, pero a mi no me hacia gracia alguna. No existía consuelo , no había nada ni nadie que pudiera remediarlo, tal como me pasa ahora, solo un abrazo suyo bastaba para sanarme. Solo su mirada y su regazo me proporcionaban la seguridad y la paz que yo necesitaba.
La tuve durante muchos años, y bien sabe el universo que la disfruté con todas mis fuerzas, pero un día, se marchó sin avisar,  a un lugar del que no ha vuelto, se mece en un limbo cada vez más lejano donde los recuerdos no existen, solo yo se quien es cuando estamos juntas, me mira a veces y sonríe casi como antes,  cuando la digo al oído lo mucho que la quiero y lo guapa que está y eso me hace feliz dolorosamente.
Se que está dentro de mi con sus ademanes, con su forma de ver la vida, o al menos es a lo que me aferro día tras día para poder seguir adelante sin ella, sin su risa, sin su voz, sin sus caricias mágicas de madre.
No puedo negar que de niña, la sensación de desconsuelo desaparecía de inmediato cuando me estrechaba en sus brazos, y ahora la sensación es constante en mi vida, aunque me hace fuerte protegerla, cuidarla, darla mil besos y caricias, en mi interior la echo mucho en falta, la necesito aun sabiendo que no la recuperaré jamás.
Te modifica tanto la vida que ya no te acuerdas de como eras antes de su partida. Haces memoria y no recuerdas como fue, ni que llevaba puesto aquel día que desapareció para siempre, entras en un estado de shock traumático irreversible, tanto como su enfermedad.
Solo te queda incorporar la situación a tu pedregosa vida y seguir caminando, recordando y soñando con ella siempre que tu mente te quiera dar un regalo que al despertar se difumina, pero te despiertas con la sensación de haberla abrazado y haber hablado con ella, como antes, tan viva.
Mi padre sueña con ella a menudo, hay veces que lo comparte conmigo, pero es tan doloroso verbalizarlo que la mayoría de las veces se lo calla para no sufrir conmigo, cambia de tema enseguida, qué valentía.

sábado, septiembre 15, 2018

Off

Presionó durante unos segundos el boton trasero del móvil y tres opciones aparecieron en aquella pantalla preguntando qué quería hacer: apagar, reiniciar o activar modo avión. Se quedó pensando unos minutos, quizá varios, bastantes como para sentir indecisión y tal vez miedo. Su organismo reaccionó a su pensamiento con palpitaciones casi audibles y sudoración fría, todo sin levantar la vista de la pantalla. Al hacerlo, se vio en el reflejo de la ventana y pudo comprobar el tono amarillo cera de su rostro amedrentado. Si lo hacía se quedaba fuera, fuera de qué, de todo, de las comunocaciones, de las notificaciones, ya no vería las fotos de los demás, no sabría el estado de sus contactos. Cierto era que la mayoría de ellos eran personas con las que había coincincidido una o dos veces en la vida, pero se las había ingeniado para 9encontrarles por las redes y seguir paso a paso sus publicaciones, sus estados, sus actualizaciones y cambios de perfil, sintiendose así parte de sus vidas. Finalmente lo hizo, eligió la opción de apagar y un terrible silencio inundó la estancia. Entregó el aparato a la terapeuta tal como exigía el programa de rehabilitación y se metió las manos temblorosas en los bolsillos del pantalón

sábado, mayo 26, 2018

Yo me voy

Me salgo del circuito, me voy, solo por unos días, pero me marcho.


Se que le debo mucho a mi comprensiva amiga, ella se quedará con parte de mi vida en esos días, lo hace de corazón como todo lo que ella hace conmigo, tal vez no es uno de sus mejores momentos, pero ahí está, ésta y otras veces, como un vaso de agua en un desierto, como una manta en la madrugá, como una vela encendida en un callejón incierto. Ella es lo que todo el mundo desearía tener en su vida y sólo algunos merecen.

También le debo algo más, otra vez, a mi aventurero y enloquecido amigo, que desde que trabaja de noche, ya no sueña, viaja de día y me quiere llevar siempre, no me pregunta si quiero ir, ya supone él que me vendrá bien y que lo preciso, no hay barreras ni nada que él no salte.
Siempre supe, desde aquel día en el yacuzzi del spa urbano, al que me invitó porque era día de oferta, dos por uno y estábamos los dos en paro, que nada se le pondrá por delante jamás y eso que eligió la misma profesión que yo, tal vez un día en el que teníamos el corazón despistado y lleno de cosas buenas para regalar. Su forma de vivir es el ahora o nunca, porque el algún día no sabe cual es.

Yo no lo hubiera hecho, pero la vida a veces, también da sorpresas de las buenas y ahora que soy consciente absoluta, de que un día partiré para siempre, he decidido disfrutar la vida , aprovecharla y dejar de sufrirla.

Me salgo del circuito establecido, por sorpresa, si, no lo esperaba, no lo tenía previsto ni lo había planeado, pero creo que desde que amo sin esperar, vienen a buscarme sueños e ilusiones que algún día imaginé tal vez viendo una película o leyendo una novela y ahora, se convierten en mi realidad.

Me marcho a ocuparme de mi, qué raro suena, un poco de aire fresco, unos rayos de sol, un poco de sal de la isla...,  lo merezco, que raro suena, sin esperar a que sean otros los que lo digan, hoy se, desde mi interior, que es el juez más sincero, que es verídico.

Tengo una edad determinada por mi vida, no por cuando nací y en ella ya he tenido tiempo para caer y levantar algunas veces, siempre estamos en ese proceso sin darnos a penas cuenta, de lo mucho que aprendemos cuando caemos y no recordándo cómo nos hemos levantando, pero ahí estamos, cada día renacidos.

Hoy me dejo envolver por ese halo brillante y luminoso que me acompaña y me guía solo porque me he percatado, de lo que he superado, de mis fuerzas, de mi fragilidad y de que ahora la entrega es sin miedo.

Me queda el eterno agradecimiento, por tener la gran fortuna de ser querida y cuidada, sintiéndome grande como una montaña y poderosa como una ventisca.


a P.G y D.V.DM









sábado, abril 16, 2016

La deslealtad del perro. ( hay que leer este cuento con acento argentino)

Lo que no llegó a saber nunca aquel pobre hombre pobre, es que un día el perro, por fin habló.

Todo sucedió de repente, un jueves cualquiera, al llegar a casa, una de las habitaciones, en concreto la que habían compartido hasta que ella decidió marcharse a otra, se encontraba vacía.

Tras algunos años, tal vez todos, de diferencias de pensamiento, palabra, obra y omisión, él cargado de un impropio coraje, ya que no era precisamente una de sus cualidades, decidió marcharse.

Habían tenido constantes discusiones y la confianza, si es que algún día existió, se había evaporado por la deslealtad, el abandono, la falta de respeto y la ausencia de compromiso.

Cierto es que a ninguno de ellos les sorprendió todo aquel movimiento, tarde o temprano debía de ocurrir, solo faltaba hacerlo, cerrando así un ciclo vital tóxico y enfermizo.

Ella se llevó una cama, muchos recuerdos vividos y al perro. El resto se lo llevó él y el amor que un día se tuvieron, ese, se lo llevó el viento como a María Sarmiento cuando se fue a la vía a aliviar su cuerpo.

Un día, cuando ya había pasado algún tiempo, siguiendo el curso de uno de sus duelos, ella le llamó para saber de él, interesarse por su estado de salud, trabajo y amor, aunque de lo último no se atrevía a preguntar, aun era pronto para una respuesta que no quería, en el fondo, saber.

Hablaron como falsos amigos, cordialidad contenida, incómodos silencios y finalmente una noticia sin importancia, y es que él, había incorporado a su vida un loro, esa mascota que tanto él había deseado siempre, pero que ella, con su mente analítica y responsable, nunca había estimado oportuno tener, quitándole la idea de la cabeza con algunos argumentos, como no, de peso.

Fue gracioso saber que él, al menos había cumplido ya, uno de sus frustrados y absurdos deseos.
Cuando colgó el teléfono, se le ocurrió contárselo al perro. A fin de cuentas era su compañero, con el que compartía su vida, acurrucados en las oscuras y frías noches de invierno.

El animal, escuchó atentamente, moviendo sus cejas como acostumbraba cuando recibía información de interés. Emitió un pequeño gruñido de disconformidad, se revolvió sobre si mismo, dió un salto a la cama, escarbó la manta con determinación y se acomodó como una esfinge. Serio, altivo, prácticamente inmóvil.

Ella se sorprendió de su repentina reacción, no le había visto así antes. Le cogió la cara con las dos manos y le beso en la cabeza como siempre.

De repente el perro carraspeó y comenzó a hablar:

_  Atiende, el buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar. Ya verás la que le va a preparar el loro, es cuestión de tiempo.

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